Lino Barañao: "La degradación del Ministerio fue una mala señal, en lo particular me dolió"

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El próximo 10 de diciembre –gane quien gane las elecciones el próximo domingo– Lino Barañao dejará de ser secretario de Ciencia y Tecnología tras 12 años de permanencia en el cargo. Tiempo en el que atravesó los gobiernos de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, y donde fue protagonista de la creación del Ministerio y su posterior degradación a Secretaría. El futuro, asegura en una entrevista con PERFIL, lo encontrará más cerca del laboratorio que de la política: “Quiero demostrar que la ciencia y la tecnología pueden generar empleo y divisas para el país”.

Justamente esos son los dos problemas, sostiene, que afectan a la Argentina: la balanza comercial y la falta de trabajo. “Curiosamente en el discurso de los científicos esos dos temas no aparecen, y eso me preocupa porque en los países desarrollados la ciencia genera ambas cosas: divisas y empleo. Estamos muy anclados en la visión muy academicista de la ciencia. Lo que va a ser interesante, si hay un cambio de gobierno, es esta puja entre las dos visiones: una metropolitana y academicista, y otra más federal y productiva. Nosotros hemos tratado de poner equilibrio a la balanza. Apoyamos la creación de conocimiento, pero también su aplicación y distribución más federal”, defiende.

—Macri durante el debate presidencial dijo que “aumentó el presupuesto para la ciencia” cuando, por el contrario, el presupuesto disminuyó significativamente...

—Supongo que se refería al aumento propuesto para el presupuesto 2020. De todos los ministerios, hubo cinco que subieron más, y uno de ellos fue este. En términos de poder adquisitivo y demás, sí es cierto que el presupuesto de los últimos años fue menor que el óptimo. Desde 2013 viene bajando en términos reales en paralelo con la situación económica. Nuestro presupuesto es un reflejo de la crisis que ha sufrido el país. No es que haya habido una política aviesa de ataque a la ciencia como desde algunos sectores se piensa, lo que hemos sufrido es la consecuencia de la crisis como otras áreas del Gobierno.

—Esta semana el directorio del Conicet pidió un aumento salarial del 20% para todo el personal y becarios del organismo. ¿Apoya el reclamo?

—Sí, claramente el salario se ha deteriorado. Si vemos la pirámide salarial de la Argentina, los científicos no están tan mal, pero cuando vemos los salarios de la región, son considerablemente menores. Eso genera el riesgo de fuga de cerebros. Justamente hay una propuesta dentro del Plan 2030 de crear una especie de escalafón único porque históricamente, por ejemplo, el INTA tenía mejores sueldos que el Conicet. Los sueldos del Conicet se rigen por las paritarias de la administración pública, y eso hace que la curva se adapte a ese incremento, que es exiguo.

—En 2016 me dijo que continuaba como ministro para garantizar las políticas del sector en marcha, y que si no había presupuesto, renunciaba. ¿Por qué decidió permanecer en el cargo?

—Porque había cosas por terminar y porque pensaba que mi ausencia iba a ser más perjudicial que mi presencia. Durante todo este período logré, justamente con la amenaza de irme, que se incorporaran partidas adicionales que permitieron aliviar el impacto negativo que tuvo la crisis en el sistema científico. Había proyectos personales que yo quería terminar, como el edificio Cero + infinito, que si bien estaba propuesto desde la administración anterior, se ejecutó durante esta gestión, y la sede del Centro Latinoamericano de Formación Interdisciplinaria en Bariloche. Y fundamentalmente para mantener el grupo humano que me acompaña desde 2013, que es la garantía de eficiencia en el manejo de fondos. Hemos manejado casi 8.700 millones de dólares y no tenemos una denuncia de ningún tipo. Para mí ese recurso humano era algo que había que preservar y hacerlo pasar por esa etapa de crisis que, honestamente, yo no pensé que iba a durar tanto. Pasado un tiempo también quería honrar el compromiso que asumí. Me había comprometido a un cargo, independientemente de las condiciones económicas que hubiera. Con el diario del lunes, uno juzga de otra manera.

—¿Lo defraudó Macri?

—Lo más grave que ocurrió fue la evolución de la economía que nos afectó. Creo que hubo buena intención, se hizo lo que parecía más adecuado como cualquier funcionario hace. Nadie llega al poder para destruir algo. Lamentablemente no funcionaron, también cambiaron las condiciones del entorno... Lo de la degradación del Ministerio fue una mala señal, me dolió particularmente. Una mala señal también para toda la región. Hubo gente que dijo que como Argentina había liderado la jerarquización del área, la vuelta atrás también había incidido negativamente en otros países que están en proceso de creación del Ministerio, como Colombia y Chile. Sobre todo porque no hubo consecuencias presupuestarias, no hubo ningún ahorro. Entiendo que el Presidente haya querido tener un gabinete más compacto y más coherente con lo que era su partido, al cual yo no pertenezco. Entonces, desde ese punto de vista era lógico pensar dos niveles jerárquicos. Pero la señal para el sistema científico y para el exterior no fue buena.

—¿Conoce a Alberto Fernández?, ¿cuál es su opinión?

—Lo traté brevemente cuando ingresé al Gobierno. Los dos salimos del mismo colegio: el Mariano Moreno, cuyos egresados tienen una visión del mundo distinta que los del Buenos Aires. Creo que es una persona muy inteligente, que tuvo en su momento el valor de criticar las políticas e irse de un gobierno, algo que no es frecuente en la Argentina.

—¿Qué consejos le daría al próximo ministro?

—El consejo es tratar de honrar las responsabilidades que uno tiene: administrar los recursos en beneficio de la sociedad. Tener claro que el ministro de Ciencia no es el presidente del gremio de los investigadores. Eso es importante porque todavía se sigue viendo a este Ministerio como una conquista de los investigadores, no como una herramienta que tiene el Estado de hacer un uso eficiente del recurso más valioso que tiene, que es la inversión en ciencia y tecnología. También hay que estar dispuesto a asumir las críticas como un insumo necesario para mejorar la gestión. Estos últimos cuatro años –sobre todo– he sido blanco de muchas críticas, no es fácil soportarlas porque vienen de parte de gente que uno aprecia. Pero también es cierto que es mucho más fácil criticar que hacer.

Sandra Pitta, los argentinos y la grieta

“A ningún investigador nunca le voy a preguntar cómo piensa ni a quién vota. Así que, Sandra Pitta, no tengas miedo”, dijo Alberto Fernández en un acto frente a científicos. Para Barañao el cruce se debió a un malentendido. “El asumió que lo que estaba temiendo la científica era una persecución del Gobierno. Que la pudieran echar y eso no es posible. No se puede echar a alguien del Conicet. Creo que lo que esta científica más temía era el bullying interno, del propio entorno de la Facultad, que sí tiene una posición bastante peculiar respecto a los que piensan diferente. Y en eso un presidente no tiene mucho qué hacer. Me parece que se metió en un debate que no le incumbía”.

Para el actual secretario, existe una grieta entre los científicos como en toda la sociedad. “Los seres humanos amamos las grietas. Necesitamos identificarnos con un grupo. Esa identificación es mayor que el instinto de supervivencia. La manera más eficaz de sentirse parte de un grupo es tener un odio común hacia alguien. Está en nuestro software innato. Cuando se comprende eso, se entiende por qué la gente actúa como actúa. Lo peligroso es cuando se avala esa política de discriminación. Me pareció que estuvo mal esa situación de reírse de una persona que había tenido una posición diferente”, sostuvo.