Secundarios estudian ciencia con experimentos hechos fuera del aula

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indica en voz alta el momento exacto en el que se debe marcar el punto. Esa tarea le corresponde a Roco, que usando una birome señala con precisión, sobre una gran cartulina blanca, el exacto final de la sombra del indicador. Y rápidamente procede a anotar hora, minutos y segundos de la observación. Por su parte, Tomás se ocupa de que el “gnomon” –el nombre técnico del “indicador”– permanezca inmóvil y derecho para prevenir errores durante el “muestreo” de los datos. Finalmente Abril, la cuarta integrante del equipo, verifica todo el proceso sin dejar de sostener con sus manos la gran cartulina que el viento que se embolsa en el patio del colegio insiste en mover.

Los cuatro son miembros de uno de los varios equipos de estudiantes de la escuela Santa María de Luján, en CABA. Y, junto a otros grupos de chicos de secundaria, participaron de la edición 2019 del Proyecto Eratóstenes, una experiencia científica global que en Argentina se realiza en forma initerrumpida desde hace ya más de una década y a la que, en este año, participan unos 11 mil chicos de una veintena de países. Y un dato llamativo: casi la mitad de los participantes son estudiantes de escuelas secundarias argentinas de todo el país.

“El Proyecto Eratóstenes es una actividad que coordinamos desde la carrera de Física en la Facultad de Ciencias Exactas hace ya once años”, le contó a PERFIL el doctor Hernán Grecco, físico, profesor de la UBA e investigador del Conicet. Y agregó: “Lo que nos mueve es la idea de que la Universidad no solo tiene que dedicarse a enseñar o a la investigación; también debe cumplir un rol social, explicando qué hacen los científicos con sus recursos. Al mismo tiempo, son acciones que muchas veces terminan generando vocación por las ciencias exactas en los chicos, un tema que hoy se discute en todo el mundo y que influye en el desarrollo de un país”.

Recurso. Según Grecco, el Proyecto Eratóstenes es un recurso educativo que se les ofrece, en forma gratuita, a las escuelas de toda Argentina. “Es una actividad pensada para chicos de cuarto o de quinto año, que tengan ya conocimientos de física o trigonometría que pueden ser aplicados durante el experimento. Aunque también tenemos una versión más simple que puede hacerse con chicos de escuela primaria, usando lápices, un compás y un transportador”.

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Para Claudia Tamayo, profesora de Física en el Santa María de Luján, y que participa del proyecto desde hace una década con cada nueva camada del colegio, “lo esencial de este proyecto no es que aprendan matemática o trigonometría, sino cómo hacer estas experiencias. Porque ya durante la preparación y luego en la realización del experimento los chicos aprenden, en forma intuitiva, cómo funciona el método científico, como un experto observa un fenómeno natural, hace una hipótesis, piensa un experimento posible y lo realiza. También podemos sumar las nociones de errores en la medición o ideas de estadística. Todo eso resume cómo trabaja un científico”.

Este tipo de experimentos colectivos aportan también otras oportunidades de enseñanza de la ciencia. Según Paula Castrillo, docente de Física y Biología en la ciudad de Ayacucho y que este año participó con sus alumnos por primera vez, “nos sumamos porque me parece importante que los chicos salgan a experimentar, se planteen y corroboren hipótesis y desarrollen una actividad netamente científica. Además, creo que esta idea en particular es muy importante para separar ciencia de pseudociencia. Es que hoy, en las aulas, ya es muy común encontrar estudiantes que se cuestionen la veracidad de que la Tierra es “redonda”. Y esto pasa, en parte, por el éxito viral de los videos de los terraplanistas”. Para Castrillo, al participar de este proyecto, sus estudiantes tendrán claro que no hay evidencias sobre una Tierra plana. “Su esfericidad es algo fácilmente comprobable, recurriendo a experimentos sencillos, como el que propuso Eratóstenes”.

Para Grecco, como estos experimentos se hacen en equipo con chicos de otros países (ver recuadro) pueden entender gráficamente que la ciencia necesita comunicaciones entre pares trabajando desde diversos lugares y culturas. “Con otras personas distantes igual tenemos algo en común que nos une: la ciencia y la matemática”.

Cómo se realiza. El objetivo del Proyecto es emular lo que hizo este geógrafo y matemático griego hace más de 20 siglos: calcular la circunferencia y el radio de la Tierra con una error mínimo. Para eso los experimentadores actuales deben medir, en el mismo día y a la misma hora, en dos ciudades o puntos geográficos separados por al menos 400 kilómetros y ubicados en un mismo meridiano, el largo de una varilla vertical (gnomon) y también el que proyecta su sombra durante el mediodía. Para completar la experiencia y obtener un número, que puede diferir en apenas un 1% con el valor real del radio y perímetro terrestre, no se necesita más que una varilla recta, birome, papel y cinta métrica.

Marcando y midiendo el ángulo que forman los rayos del Sol con la vertical, en un lugar y hora dados, y comparando esos datos con resultados similares obtenidos por otra escuela, es posible determinar esos valores terrestres con un alto grado de exactitud.